
No está lejos el día en que una persona, que hoy necesitaría silla de ruedas, pueda caminar comodamente gracias a una prótesis robótica. O el día en que una persona que ha perdido un brazo, pueda implantarse un sustituto artificial, cómodamente controlado por el cerebro. O que un anciano débil y enfermizo, recupere su libertad de movimientos y fuerza gracias a un exoesqueleto mecánico.
Las prótesis y armaduras robóticas podrán ser utilizadas por policías, agentes del orden, bomberos, y servicios de emergencias, a los que suministrarán potencia, protección y rapidez. Los militares tendrán sus propios exoesqueletos ultra avanzados, de mayor fuerza, resistencia, y provistos de armamento pesado. Pronto, las armaduras y prótesis robóticas serán exigidas para mineros y obreros de la construcción. Alpinistas, exploradores o marineros exigirán sus propias armaduras.
Ser más rápido y fuerte es algo que atrae a cualquier persona. Los sistemas robóticos no se limitarán exclusivamente a corazas y exoesqueletos, sino que un número creciente de personas se implantarán estos sistemas fusionándolos con su cuerpo. Las primeras prótesis serán más groseras y fácilmente reconocibles. Pero según avance la tecnología, estas se irán construyendo más parecidas a partes del cuerpo humano. Hasta que finalmente sea imposible discernir si un brazo es mecánico o biológico. Mejor aún, existirán prótesis intercambiables, para poder utilizar el miembro humano o de trabajo, dependiendo de la situación.
Toda una nueva industria y economía aparecerá tras los implantes. Servicios de prótesis robótica, talleres de reparaciones, actualizaciones periódicas, nuevos dispositivos...
El siguiente avance aparecerá cuando lleguemos a comprender el cerebro humano. Una vez llegados a ese punto, será posible conectar nuestra mente a computadores. Primero a ordenadores externos, y después a microprocesadores implantados en nuestros cuerpos. Podremos ampliar nuestros cerebros, dotándolos de velocidad y de una interminable capacidad de memoria. Tendremos discos duros especiales con los que compartir nuestra información con los demás, mediante un futuro wireless, equivalente a la telepatía. Servicios de noticias, tiendas on-line, y todo tipo de información podrá llegar directamente hasta nuestra mente. Cualquier idioma podrá ser aprendido instantáneamente por el usuario de un implante. La informática adquirirá una nueva dimensión. Los hackers y los policías del cyberespacio alcanzarán cotas aún inimaginables.
Nuevos discos internos realizarán copias de seguridad de nuestros pensamientos. Si tras un accidente nuestro cuerpo queda dañado, podríamos copiar nuestro pensamiento en el disco duro de otro cuerpo virgen. Así, incluso la mente de un muerto, podría ser copiada de nuevo.
(Nótese, que sin embargo, esto no significaría en absoluto que se lograría la inmortalidad. Si tras nuestra muerte, se crea un nuevo individuo que lleve implantados todos nuestros pensamientos y recuerdos, y que incluso físicamente pudiera haber sido diseñado a nuestra imagen, esto no querría decir que nosotros no hayamos muerto. Él sería un nuevo individuo. Tal vez para nuestros amigos y parientes no hubiera diferencia. Pero nosotros ya habríamos dejado de existir. Él sería otro ser, igual que nosotros, pero otro ser.)
Los avances futuros que nos esperan son, cuanto menos, apasionantes. Hay gente que piensa que un día construiremos robots, que adquirirán conciencia de sí mismos, y que se rebelarán contra nosotros, en sangrientas guerras que acabarán por destruir la Tierra. La realidad parece ser muy distintas.
Nosotros seremos los que nos transformaremos en robots.
Las prótesis y armaduras robóticas podrán ser utilizadas por policías, agentes del orden, bomberos, y servicios de emergencias, a los que suministrarán potencia, protección y rapidez. Los militares tendrán sus propios exoesqueletos ultra avanzados, de mayor fuerza, resistencia, y provistos de armamento pesado. Pronto, las armaduras y prótesis robóticas serán exigidas para mineros y obreros de la construcción. Alpinistas, exploradores o marineros exigirán sus propias armaduras.
Ser más rápido y fuerte es algo que atrae a cualquier persona. Los sistemas robóticos no se limitarán exclusivamente a corazas y exoesqueletos, sino que un número creciente de personas se implantarán estos sistemas fusionándolos con su cuerpo. Las primeras prótesis serán más groseras y fácilmente reconocibles. Pero según avance la tecnología, estas se irán construyendo más parecidas a partes del cuerpo humano. Hasta que finalmente sea imposible discernir si un brazo es mecánico o biológico. Mejor aún, existirán prótesis intercambiables, para poder utilizar el miembro humano o de trabajo, dependiendo de la situación.
Toda una nueva industria y economía aparecerá tras los implantes. Servicios de prótesis robótica, talleres de reparaciones, actualizaciones periódicas, nuevos dispositivos...
El siguiente avance aparecerá cuando lleguemos a comprender el cerebro humano. Una vez llegados a ese punto, será posible conectar nuestra mente a computadores. Primero a ordenadores externos, y después a microprocesadores implantados en nuestros cuerpos. Podremos ampliar nuestros cerebros, dotándolos de velocidad y de una interminable capacidad de memoria. Tendremos discos duros especiales con los que compartir nuestra información con los demás, mediante un futuro wireless, equivalente a la telepatía. Servicios de noticias, tiendas on-line, y todo tipo de información podrá llegar directamente hasta nuestra mente. Cualquier idioma podrá ser aprendido instantáneamente por el usuario de un implante. La informática adquirirá una nueva dimensión. Los hackers y los policías del cyberespacio alcanzarán cotas aún inimaginables.
Nuevos discos internos realizarán copias de seguridad de nuestros pensamientos. Si tras un accidente nuestro cuerpo queda dañado, podríamos copiar nuestro pensamiento en el disco duro de otro cuerpo virgen. Así, incluso la mente de un muerto, podría ser copiada de nuevo.
(Nótese, que sin embargo, esto no significaría en absoluto que se lograría la inmortalidad. Si tras nuestra muerte, se crea un nuevo individuo que lleve implantados todos nuestros pensamientos y recuerdos, y que incluso físicamente pudiera haber sido diseñado a nuestra imagen, esto no querría decir que nosotros no hayamos muerto. Él sería un nuevo individuo. Tal vez para nuestros amigos y parientes no hubiera diferencia. Pero nosotros ya habríamos dejado de existir. Él sería otro ser, igual que nosotros, pero otro ser.)
Los avances futuros que nos esperan son, cuanto menos, apasionantes. Hay gente que piensa que un día construiremos robots, que adquirirán conciencia de sí mismos, y que se rebelarán contra nosotros, en sangrientas guerras que acabarán por destruir la Tierra. La realidad parece ser muy distintas.
Nosotros seremos los que nos transformaremos en robots.
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