jueves 30 de julio de 2009

Nueva definición de ser humano

La Mayor Motoko, de Ghost in the Shell.

Desconozco el origen de esta maniática separación de seres humanos y robots que se da en la ciencia ficción. Parece que solo existen dos posibles panoramas entre ambos seres. O bien los robots son meros esclavos de la raza humana, o bien hombres y robots permanecen enzarzados en una guerra a nivel planetario.

Es evidente que habrá guerras de robots y hombres. Pero no de robots contra hombres. Sino robots y hombres en un lado, contra otros robots y hombres en el otro lado. De la misma manera que en la actualidad hay guerras con zurdos y diestros, pero repartidos equitativamente entre ambas facciones beligerantes.

El cerebro de un ser humano es increíblemente complicado. Diez mil millones de neuronas interconectadas entre sí y pasándose información de manera continua. Complicado, sí, pero finito a fin de cuentas. Y por lo tanto, posible de ser entendido. Aún nos encontramos muy lejos de ese momento, pero por qué no ha de llegar el día en que consigamos comprenderlo. Una vez llegados hasta allí, podremos reproducirlo artificialmente sin dificultades, creando así a los robots.

Construiremos los cerebros robóticos a semejanza que los nuestros. Los robots tendrán nuestros mismos vicios y virtudes. Un robot podrá ser creativo, soñar, enfadarse, enamorarse o reír. Un robot podrá ser optimista, alegre, atento, celoso, amable, nostálgico o travieso. Pero lo que todo robot deseará por encima de cualquier cosa, será el ser considerado igual que un ser humano. Y como tal, deberemos tratarle.

Tal vez los robots sean distintos a nosotros físicamente por estar constituidos de metal. ¿Sería eso un problema? Dotarles de piel, músculos y órganos sería muy fácil. Hoy día es posible crear tejido humano, ¿qué no se podrá sintetizar en un futuro en el que ya hayamos copiado el cerebro? En cualquier caso, ¿tan importante es su exterior? Lo que nos hace humanos no es nuestra piel, es nuestro cerebro.

Resulta por tanto necesario modificar la definición de “ser humano” por otra que abarque tanto a hombres como a robots. Existen muchas posibles definiciones, ninguna perfecta. Aquí presento la mía:

“Un ser humano es aquel ser inteligente, con conciencia propia y libre albedrío, que proceda, directa o indirectamente, como primera generación o a través de n generaciones, del planeta Tierra.”

Esta definición de ser humano excluye intencionadamente a diferentes seres:
  • Alienígenas. La diferencia entre un ser humano y un alienígena es algo más que simple morfología. Para un alienígena, conceptos como la muerte, el individuo, la risa, el odio, o la compasión, puede que carezcan de sentido. Cómo entonces poder considerarle ser humano.
  • Máquinas no pensantes. Podemos construir máquinas no pensantes visualmente iguales a hombres o mujeres, que caminen y hablen como humanos. Pero si ni piensan ni tienen conciencia de sí mismos, deberán tener el mismo trato que un zapato o un coche.
  • Seres sin libre albedrío. Un ser que no pueda actuar como él quisiera, y se vea inexorablemente controlado, ¿cómo podría ser considerado ser humano? Este es el caso, de por ejemplo, los robots de Asimov.
Por otro lado, la nueva definición de ser humano incluye a los siguientes seres:
  • Un robot de segunda generación. Es decir, construido por robots. Si fuésemos retrocediendo en sus orígenes (provienen de un robot, que proviene de un robot, que proviene de otro robot… que fue construido por un ser humano, que proviene de otros seres humanos… que provienen de la Tierra) llegaríamos a que su origen inicial está en la Tierra. Y por lo tanto, es un ser humano.
  • Clones.
  • Híbridos hombre – máquina.
  • Animales con modificaciones cerebrales. Una vez que sea entendido el cerebro humano, no debería resultar difícil modificar el cerebro animal y obtener animales pensantes. Lobos capaces de realizar una ingeniería, gorilas que escriban poemas o pumas con los que ver un partido de béisbol.
Es importante notar que la nueva definición de ser humano no contradice ninguna idea religiosa, de por ejemplo, el cristianismo. Dios, ya ha tenido en cuenta la aparición de seres inteligentes de procedencia distinta a la reproducción natural. Y para ellos, ya ha dispuesto de almas. Así, igual que cualquier otro ser humano, un robot podrá ser ateo, agnóstico, budista o cristiano, y en este último caso, considerar que tiene alma.

Existen algunos pequeños inconvenientes jurídicos con esta definición de humano. Un robot que pueda vivir 200 años, ¿debería poder jubilarse a los 65 años? ¿Cuántos años de cárcel debería de cumplir por un delito que a un hombre le caerían 40 años? Pero todo esto son problemas menores que podrán ser solucionados en el futuro. Por ahora, mantengamos solo la idea de tratar como semejantes a robots y hombres.

Ambos seremos seres humanos.